El dolor de talón es muy común en la sociedad, se estima que existe entre un 3,6% y 6,9% de la población con esta patología. Se observa una mayor incidencia en corredores o deportes de impacto, aunque también aparece con frecuencia en sujetos sedentarios que además tienen cierta obesidad [1,2], pero ¿estamos enfocando bien el tratamiento?

Esta patología se caracteriza por tener dolor en la zona del talón que aumenta al apoyar y al dar los primeros pasos tras un período de descanso o al levantarse por la mañana y aumenta tras períodos prolongados en bipedestación y durante la marcha [3]

Es bastante frecuente observar como las personas que sufren de esta patología se les ha diagnosticado como “FASCITIS PLANTAR”, a menudo incluso sin ser observados por el médico y sin tener una valoración como corresponde, además de su posterior error en el abordaje del tratamiento del dolor de talón.

El diagnóstico diferencial y el razonamiento clínico es de suma importancia, ya que es muy común equivocarse entre las diferentes “lesiones” que pueden acontecer en esta zona, como por ejemplo que exista fasciopatía plantar de la inserción o del cuerpo de la fascia (además, podemos diferenciar entre engrosamiento, rotura, edema óseo…), un punto gatillo del abductor del primer dedo, una neuropatía del nervio de Baxter (imagen) o una tendinopatía del tendón del 5º dedo (entre otras alteraciones que pueden causar síndromes nociceptivos/neuropáticos en la zona plantar del talón).

Nervio de Baxter como una rama del Nervio Plantar Lateral correspondiente al Nervio Tibial Posterior

Es por ello que debido a la gran cantidad de causas y desconocimiento en la etiología de las mismas el término dolor de talón parece ser más acertado para referirnos a la patología sin abordarlo desde una perspectiva concreta, sino más global y sobre todo en los términos que hablaremos a continuación.

Un aspecto importante del dolor de talón es el impacto negativo que provoca en la calidad de vida de las personas que lo sufren debido a la incapacidad funcional relacionada con el dolor y la repercusión psicológica que genera [4-7]. Estos aspectos se suman a que el dolor suele cronificarse en el tiempo y generar otro tipo de afectaciones de los meramente “físicos”.

Algunos tratamientos que se usan para el dolor de talón

Se han publicado en diversas revisiones gran cantidad de opciones de tratamiento (terapia manual, ortesis, vendaje, infiltraciones, ondas de choque…) donde algunos de ellos han tenido resultados “algo alentadores” a medio plazo, pero ninguno ha tenido relevancia a corto o a largo plazo; en realidad, y como se indica en un meta-analisis más reciente, no existe una superioridad clara de un tratamiento con respecto a los demás [5].

Dentro del contexto del tratamiento del paciente, para sacar la máxima rentabilidad a la evidencia científica tiene que ir acompañada de un buen razonamiento clínico y un análisis de las necesidades del paciente. Personas con dolor de talón con frecuencia serán sometidas a diversos tratamientos o consultas a nivel sanitario, recibiendo innumerables diagnósticos y tratamientos médicos, farmacológicos, fisioterápicos … muchas veces poco alentadores debido a que esta entidad suele ser de larga duración, es por ello que el abordaje debe hacerse también desde una perspectiva que no sea meramente física, biomecánica o estructural, que por supuesto también están involucrados, pero no podemos centrarnos única y exclusivamente en este enfoque.

Cosas a cambiar en el tratamiento del dolor de talón

Sabemos por diversos estudios que existe afectación de algunos factores psicológicos que dificultan la recuperación en el dolor plantar, y se observaron síntomas como depresión, ansiedad o estrés presentes en este tipo de pacientes [6, 7].

Cotchett y colaboradores en 2017 publicaron un artículo muy interesante sobre la presencia de factores cognitivos (catastrofismo del dolor) y conductuales (kinesiofobia) en personas con dolor de talón [8].

– Demostraron que el catastrofismo del dolor inducía a las personas con dolor de talón a sentimientos de impotencia y miedo asociados a mayores niveles de dolor en el “primer paso” y una reducción de la función del pie.

– Respecto a la kinesiofobia, observaron que iba ligada a un comportamiento de hipervigilancia, definida como una mayor atención a posibles fuentes de amenaza.

Estos dos factores provocaban en la persona una actitud de miedo-evitación a la hora de realizar cualquier actividad de la vida diaria, aumentando la discapacidad y un deterioro de la función del pie.

 

En este tipo de pacientes la educación juega un papel fundamental en el manejo del dolor, que debe adaptarse de manera individual a la persona y su condición. Sin embargo, no existen publicaciones donde hayan identificado los enfoques necesarios para una educación óptima en pacientes con dolor de talón. Una forma de comenzar a elaborar los cimientos de una buena educación en el paciente, debe ser comprender las experiencias y actitudes vividas de las personas que sufren dolor de talón de larga duración.

Un estudio muy interesante y recién publicado investiga sobre las experiencias vividas de las personas con dolor de talón, aportando información muy valiosa a la hora de elaborar una educación efectiva con los pacientes que sufren esta patología [9]. Las respuestas de los participantes revelaron que, aunque el dolor de talón tuvo un impacto negativo en su calidad de vida desconocían el origen de este dolor.

Los participantes revelaron que habían probado una gran cantidad de intervenciones basadas en ortesis, vendajes, medicación y fisioterapia entre otras; pero cuestionaron la falta de información acerca de la utilidad y el efecto producido de cada tratamiento, algo que nosotros consideramos de suma importancia, aunque no entiendan de lo que les estamos hablando, que el paciente entienda qué es lo que tiene, qué le pasa y cómo se lo vamos a solucionar es parte importantísima del tratamiento.

Estos resultados indican que existe incertidumbre entre las personas que padecen dolor de talón con respecto a su diagnóstico, causa, pronóstico y opciones de tratamiento; traducido en una frustración del paciente y una lucha por encontrar el tratamiento ideal.

CONCLUSIÓN

Las creencias y expectativas de los pacientes, el deseo de una mejor compresión y la falta de consenso en la evidencia de las distintas intervenciones resaltan la necesidad de replantearnos cómo enfocar, evaluar y tratar el dolor de talón.

En primer lugar es de suma importancia realizar una correcta historia clínica y exploración así como un buen razonamiento clínico del paciente. Tras ello, plantear una intervención basada en terapia activa, la escucha activa y educación, con el objetivo de contribuir en la autoeficacia y confianza y de esta manera combatir los diferentes factores psico-sociales presentes en estos pacientes, parece ser una opción bastante válida, aunque hace falta más evidencia y de mejor calidad para confirmar este hecho.

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BIBLIOGRAFÍA

1.- Dunn JE, Link CL, Felson DT, Crincoli MG, Keysor JJ, McKinlay JB: Prevalence of foot and ankle conditions in a multiethnic community sample of older adults. Am J Epidemiol 2004;159:491-498.

2.- Hill CL, Gill T, Menz HB, Taylor AW: Prevalence and correlates of foot pain in a population-based study: the North West Adelaide health study. J Foot Ankle Res 2008;1:2.

3.- Martin RL, Davenport TE, Reischl SF, McPoil TG, Matheson JW, Wukich DK, McDonough CM: Heel pain–plantar fasciitis:Revision 2014. Clinical practice guildelines linked to the international classification of functioning,disability, and health from the orthopaedic section of the American Physical Therapy Association. J Orthop Sports Phys Ther 2014;44 (11):A1-A33.

4.- Thomas MJ, Whittle R, Menz HB, Rathod-Mistry T, Marshall M, Roddy E. Plantar heel pain in middle-aged and older adults: population prevalence, associations with health status and lifestyle factors, and frequency of healthcare use. BMC Musculoskelet Disord. 2019;20:337.

5.- Babatunde OO, Legha A, Littlewood C, Chesterton LS, Thomas MJ, Menz HB, et al. Comparative effectiveness of treatment options for plantar heel pain: a systematic review with network meta-analysis. Br J Sports Med. 2019;53:182–94.

6.- Cotchett M, Munteanu SE, Landorf KB. Depression, anxiety, and stress in people with and without plantar heel pain. Foot Ankle Int. 2016;37:816–21.

7. Cotchett MP, Whittaker G, Erbas B. Psychological variables associated with foot function and foot pain in patients with plantar heel pain. Clin Rheumatol. 2015;34:957–64.

8. Cotchett M, Lennecke A, Medica VG, Whittaker G, Bonanno DR. The association between pain catastrophising and kinesiophobia with pain and function in people with plantar heel pain. Foot. 2017;32:8–14.

9.- Cotchett, M., Rathleff, M. S., Dilnot, M., Landorf, K. B., Morrissey, D., & Barton, C. Lived experience and attitudes of people with plantar heel pain: a qualitative exploration. Journal of Foot and Ankle Research, 2020; 13(1), 1-9.

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