Entendiendo la propiocepción

La definición de propiocepción ha creado y crea aún mucha controversia en la comunidad científica, de hecho, es seguramente el término que más confusión crea dentro del sistema sensoriomotor ya que se ha utilizado incorrectamente como sinónimo de muchos términos relacionados con la temática sensoriomotora, como por ejemplo el equilibrio.

Además se ha confundido durante años el entrenamiento de la propiocepción con el ejercicio hecho con plataformas desestabilizantes como por ejemplo el bosu o aquellos ejercicios que constituían un reto para el individuo. Es más, hasta se han creado entrenamientos y protocolos para mejorar la propiocepción

Nuestro cuerpo está constituido por un conjunto de sistemas que operan tanto de manera automática como inconsciente y que lo mantienen en un estado de homeostasis. Antes de nada, debemos diferenciar entre los términos sensoriomotor, somatosensorial y propiocepción, ya que a pesar de tener relación son términos diferentes y que aclararemos a continuación.

El sistema sensoriomotor se presenta como la combinación de los procesos neurosensorial y neuromuscular. Dentro del sistema sensoriomotor nos encontramos con varios aspectos relevantes donde el sistema nervioso central (SNC) obtiene la información necesaria para controlar los movimientos de nuestro cuerpo desde 3 subsistemas, como son el sistema visual, el sistema vestibular y el sistema somatosensorial.

De este último es del que vamos a hablar a continuación, del sistema somatosensorial.

El sistema somatosensorial es el único sistema que nos pone materialmente en contacto con el mundo, de echo el sistema visual aprende a percibir las dimensiones y tridimensionalidad de los objetos gracias al sistema somatosensorial, sobre todo con el tacto, es más, hasta los 8 años el niño tiene una predominancia del sistema somatosensorial con respecto al visual, hasta que con la experiencia hace que con solo mirar un objeto ya percibamos su geometría, entonces el sistema visual va adquiriendo protagonismo sobre el somatosensorial, pero ambos sistemas están y deben estar ligados siempre.

El sistema somatosensorial engloba toda la información recogida por 3 tipos de “informadores”: los exteroceptores somáticos, como la sensibilidad táctil, la sensibilidad dolorosa o nociceptiva y la sensibilidad térmica; enteroceptores, como los barorreceptores y quimiorreceptores y los propioceptores, como son los receptores localizados en los músculos, tendones y articulaciones.

 

Como ya hemos dicho, la propiocepción es una parte del sistema somatosensorial pero, ¿qué es la propiocepción?

La palabra propiocepción proviene del latín proprius, que significa “propio”, y (re) ceptus (recibir): así, una traducción literal es la de “percibirse a uno mismo”,  “percepción propia” o como el propio Sherrington llamaba “la capacidad de nuestro cuerpo de sentirse a sí mismo”. Esta noción de autopercepción refleja la capacidad de uno para conocer diferentes aspectos relacionados con la percepción del cuerpo.

A principios de la década de 1830, Sir Charles Bell describió un sexto sentido, refiriéndose al sentido de posición y acción de las extremidades. La propiocepción fue discutida más a fondo por Sherrington unos 70 años después, concretamente en 1906, cuando Sherrington definió la propiocepción como la sensación de posición y movimiento de las extremidades.

Desde entonces, el término se ha utilizado para describir una gran variedad de sentidos y, por lo tanto, se ha vuelto un término ambiguo y confuso. En consecuencia, las palabras que a menudo se usan indistintamente junto con propiocepción y que a menudo incluso se confunden son sentido de la posición articular, cinestesia, equilibrio, coordinación, sentido de movimiento, posición del cuerpo en el espacio, sensación de esfuerzo o sensación de fuerza.

Sherrington se refería al sistema propioceptivo como la información aferente que llega desde los propioceptores localizados en las articulaciones, tendones y músculos, y que contribuye a la conciencia de las sensaciones musculares, de la postura segmentaria (como la estabilidad articular) y de la postura global (como el equilibrio postural) (Lephart SM, 2000).

Más adelante, Alan Berthoz sostiene que los sentidos interrogan al ambiente para obtener informaciones funcionales necesarias para la vida y que activando sus propios receptores interactúan entre si para lograr el objetivo perseguido. El cuerpo participa en la exploración del mundo exterior, selecciona y organiza las percepciones. El cerebro filtra las informaciones de acuerdo a sus propios proyectos, el cuerpo aprende a través de si mismo y a través de las consecuencias de sus propias acciones. La percepción es un proceso activo, no una mera interpretación de informaciones, ya que permite la simulación interna del movimiento, la elección de la acción a realizar y la anticipación de sus efectos.

Otra definición es la de Roberts (2003), que sigue la utilizada por B.D. Wyke: que definían propiocepción como la conciencia de la posición articular (sensación de posición), la conciencia del movimiento en el espacio (kinestesia) y el feedback de los mecanorreceptores que ejercen un efecto continuo reflejo e inconsciente sobre el tono muscular y el equilibrio para mantener la estabilidad dinámica de las articulaciones y el movimiento.

Actualmente se define propiocepción como la capacidad de una articulación para determinar su posición en el espacio, detectar su movimiento (kinestesia) y la sensación de resistencia que actúa sobre ella, es decir, determinar la cantidad de fuerza que está haciendo. Esta capacidad es adquirida por la estimulación de los mecanorreceptores periféricos, que convertirán este estímulo mecánico en una señal neural que será transmitida por las vías aferentes hasta su procesamiento en el SNC.

A partir de lo comentado anteriormente, podemos decir que la propiocepción es una vía aferente del sistema somatosensorial que participa en el movimiento, mediante la detección de las variaciones de presión, tensión y longitud de los diferentes tejidos articulares, ligamentosos, tendinosos y musculares y no incluye ni el procesamiento de la señal sensorial por parte del SNC ni la actividad resultante de las vías eferentes que darán lugar a la respuesta motora.

Según este concepto y el trabajo de Rienman y Lephart (2002), los cuales hablan de la importancia de diferenciar entre la recepción periférica e inconsciente de los estímulos y el proceso mediante el cual estos se hacen conscientes, debemos tener claro que la propiocepción se refiere únicamente al proceso de detección periférica de los mecanorreceptores. A partir de aquí, y a pesar de la controversia existente en torno a estos conceptos, el movimiento y la estabilidad articular no solo vendrá dada por los receptores periféricos, sino que también participará la integración y el procesamiento central de la información y las vías motoras eferentes que se producirán como resultado de la recepción de la información y su procesamiento, a lo que se le llama sistema sensoriomotor.

La propiocepción es una modalidad sensorial que incluye la percepción del movimiento, fuerza y posición articular.

Llegados a este punto, podemos entender entonces que la propiocepción, junto con los exteroceptores somáticos (como la sensibilidad táctil, térmica y nociceptiva) y los enteroceptores forman el sistema somatosensorial y que a su vez el sistema somatosensorial tiene como objetivo, junto con el sistema visual y el sistema vestibular, enviar las señales aferentes para que el cerebro integre y procese y así pueda realizar una respuesta motora eferente coherente y acorde con la información obtenida, a todo este proceso de envío de señales aferentes, recepción, procesamiento e integración por parte del cerebro y la respuesta eferente motora se le conoce como sistema sensoriomotor.

A modo de  conclusión, podemos decir que la propiocepción no es subirse a un bosu, trabajar con superficies desestabilizantes, ni aguantar el equilibrio, ni entrenar de manera cognitiva con número, ni con láser ni con luces ni nada parecido, en cualquier momento de nuestro día a día y de nuestra vida estamos “entrenando” la propiocepción, puesto que constantemente nuestro SNC está recibiendo información de nuestro cuerpo (y también del exterior mediante la vista o el tacto) para procesar esa información y determinar qué acción debemos hacer a posteriori y que acción entre todas las posibilidades que pueden existir puede ser la más idónea.

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